Religión
En los principios, los chinos profesaban un
sistema más bien moral que religioso. Seiscientos años antes de la Era
cristiana, el budismo se extendió por toda la China, donde todavía es profesado
por la mayor parte de sus habitantes. Esta religión reconoce un ser supremo,
todopoderoso, representado por Budha, personaje que subsiste eternamente en la persona
del gran lama. Supone además un gran número de
dioses subalternos y de espíritus subordinados unos a otros y diferentes en
rango y poder.
Unos
quinientos años antes de J. C., el filósofo chino Confucio enseñó una nueva religión, el confucismo, la
que reconoce un solo Dios, pero no admite altares ni sacerdotes.
Cada pueblo tiene la religión que hereda de los antepasados. Los estudiosos dicen que la primitiva religión de los chinos, como de los pueblos que vivían cerca de ellos, era el culto a los antepasados, y a las fuerzas de la naturaleza, a las que creían dotadas de espíritus propios. Precisamente estas dos religiones primitivas han impregnado de forma evidente los dos sistemas filosóficos y religiosos más importantes de la historia china, respectivamente el confucionismo y el taoísmo.
El culto a los ancestros en China
Posiblemente la práctica religiosa más extendida en China es el culto a los ancestros. Un culto que de alguna forma se extiende desde las primeras manifestaciones de su cultura, hasta nuestros días, y que se apropia o utiliza las tres religiones principales taoísmo, budismo y confucianismo. Aunque el culto a los ancestros se suele relacionar con el confucianismo, su origen es mucho más antiguo, extendiéndose su práctica a todas las esferas de la vida religiosa china. A lo largo de este tiempo como religión primordial de los chinos, ha pasado a convertirse en la piedra angular de su vida familiar y social, y en la propia esencia alrededor de la que se construye el carácter de cada persona.
Desde el pasado remoto los chinos consideraban que la persona estaba formada por un cuerpo y varias almas, que no morían con el cuerpo, sino que tras la muerte pasaban a vivir en el mundo de los espíritus. En ese mundo los muertos tenían las mismas necesidades que cuando estaban vivos, comida, ropa, armas, adornos, etc. Objetos que les eran proporcionados por sus descendientes vivos, generalmente enterrados con ellos en las tumbas, o mediante los sacrificios ante las tabletas de los ancestros. Esa es la razón de que en las tumbas antiguas de los reyes y emperadores se hayan descubierto magníficos tesoros que reflejan las necesidades que el fallecido podía tener en el mundo de los espíritus, incluyendo objetos de culto, soldados, guardianes y artículos de su vida cotidiana.
Al igual que cuando estaban vivos los ancianos eran respetados, cuando morían y se convertían en ancestros, eran aún más venerados, pues aunque en ese estado pasaban a depender de sus descendientes vivos, que durante cada comida les ofrecían unos granos de arroz o un poco de vino en los altares de sus hogares, a su vez adquirían la capacidad de bendecir y ayudar a sus descendientes, proporcionándoles prosperidad, felicidad y fortuna. Si bien se creía que los antepasados estaban presentes continuamente, como demostraba la presencia en cada hogar de la tableta de los ancestros, su presencia se hacía más evidente durante algunas festividades y celebraciones, cuando se creía que compartían las ofrendas que sus descendientes les proporcionaban. Pero si a estos ancestros no se les proporciona las cosas que necesitan, se enfadan y hacer daño a sus descendientes. Se convierten en demonios.
Los ancestros de los clanes más poderosos, de los clanes reales, se convirtieron en los tiempos antiguos, en los dioses de todos sus súbditos.
Restos de estas creencias primitivas se encuentran todavía hoy en día en las religiones de algunas de las minorías que habitan en las zonas montañosas del Sur y del Suroeste. De hecho, el mito de Pangu, el creador del universo y todo lo que éste contiene, arrinconado por los chinos en el terreno de la fábula hace ya muchos siglos, mantiene hoy en día una presencia viva en la cultura y religión de varios pueblos indígenas del Sur de China.
Cuando se habla de la religión en China hay una discusión permanente entre los que opinan que los chinos son ateos por naturaleza, y los que aseguran lo contrario. Tal vez ayude a entender mejor la relación de los chinos con la religión, si consideramos que estas religiones primitivas han sido la base sobre la que se han superpuestos las subsiguientes religiones nacionales e importadas.
Transcendencia del confucianismo
Después de la muerte de Confucio se estableció un culto al maestro, y asi surgió un gran número de adeptos que enseñaron y difundieron su doctrina.
A finales del sigloI d.C., se ofrecían sacrificios en altares dedicados a Confucio, la dinastía reinante ordenó la construcción masiva de templos y de escuelas públicas para la enseñanza del confucianismo.
Bajo la dinastía Manchú de los T´sin (1644-1911), que se mantuvo en el poder hasta la proclamación de la República en 1912, el culto continuó en apogeo, al punto que el Estado confirió a Confucio los títulos ofrecidos al mismo emperador: maestro supremo, rey, santo supremo e hijo adoptivo del emperador .
Al iniciarse la Revolución de 1912, con el apoyo de jóvenes intelectuales y de estudiosos universitarios se quiso eliminar su doctrina, y hacia 1916 se decretó la supresión del estudio de los cinco libros clásicos en todas las escuelas de la nación.
Taoísmo
El taoísmo, dicen los chinos que es la única religión originada en su propio país. Y en realidad tampoco es cierto, primero por que a lo largo de la historia se han numerosas religiones y cultos, de las que un buen número de ellas han llegado hasta nuestros días tras una historia accidentada, y segundo por que en su origen el taoísmo no era una religión, sino un sistema filosófico, el desarrollado entre otros por Lao Zi y su discípulo Zhuang Zi. Una filosofía un tanto esotérica que exploraba y desarrollaba la segunda de las religiones primitivas de China, el culto a la naturaleza, propugnando la integración del hombre en la naturaleza, y el alejamiento de los asuntos de gobierno.
Con el paso de los siglos, la filosofía no bastó para satisfacer los deseos de la gente de creer en un dios, y gradualmente se fue convirtiendo en una religión, de la que se aprovecharon también algunos avispados, que tras deificar a Laozi, y a otros personajes legendarios como los llamados Ocho Inmortales, se comenzaron a erigir templos y ofrecer servicios religiosos a la población.
Los templos taoístas, en general, no han aguantado esa transformación del taoísmo desde filosofía a religión. De hecho, los auténticos monjes taoístas no viven en los templos, sino haciendo vida de eremitas en las montañas que para ellos son sagradas. Lo que vuelve a evocar ese culto a la naturaleza del que son herederos.
Con el paso de los siglos, la filosofía no bastó para satisfacer los deseos de la gente de creer en un dios, y gradualmente se fue convirtiendo en una religión, de la que se aprovecharon también algunos avispados, que tras deificar a Laozi, y a otros personajes legendarios como los llamados Ocho Inmortales, se comenzaron a erigir templos y ofrecer servicios religiosos a la población.
Los templos taoístas, en general, no han aguantado esa transformación del taoísmo desde filosofía a religión. De hecho, los auténticos monjes taoístas no viven en los templos, sino haciendo vida de eremitas en las montañas que para ellos son sagradas. Lo que vuelve a evocar ese culto a la naturaleza del que son herederos.
Budismo
El primer empujón fuerte que recibe la nueva religión se da en el año 68 de nuestra era, cuando un emperador de la dinastía Han envió a algunos funcionarios a la India a informarse sobre esta religión, construyendo a su regreso el Templo del Caballo Blanco, cerca de su capital Luoyang, desde donde se inició el estudio de los textos traídos precisamente a lomos de un équido del mencionado color. Durante los siglos siguientes el budismo va cobrando fuerza en territorio chino, aunque no es hasta el siglo V que se produce su verdadera expansión, alcanzando su difusión a los lugares más remotos del país. No obstante, el budismo de esos siglos es todavía una religión extranjera, muchos de cuyos conceptos, al no tener equivalencia en chino, se traducían siguiendo los conceptos de los taoístas con los que guardaban algunas semejanzas. No fue hasta que el monje Xuanzang realizó su gran viaje a la India en busca de las escrituras budistas y se fundó en el año 652 la Gran Pagoda de la Oca, en Xi'an, para conservarlas, que se inicia en China un proceso sistemático de traducción y reflexión sobre las enseñanzas de esta religión. Es la época gloriosa de la dinastía Tang y el budismo pronto impregna todos los aspectos de la vida, la cultura y el arte chinos. Numerosas escuelas de pensamiento budista surgen alrededor de Xi'an. Monjes llegados de Corea y de Japón llevan las doctrinas budistas a sus respectivos países. Pero al igual que las doctrinas filosóficas seculares se convierten en religión, el budismo adquiere demasiado poder, sus monasterios controlan grandes extensiones de tierra. Los emperadores toman cartas en el asunto y limitan su poder, de tal forma que para la dinastía Song, el esplendor del budismo ya se ha eclipsado, manteniendo su importancia en la sociedad como una de las religiones que practican unos chinos que volverán a regir sus vidas por las enseñanzas de Confucio puestas al día por los pensadores de la nueva escuela.
Islamismo
Las enseñanzas de Mahoma penetraron a China a través de la Ruta de la Seda, de la mano de comerciantes y viajeros que llegaron a Xi'an desde los países musulmanes. Simultáneamente se produce una penetración del islamismo a través de los puertos de la costa, como Cantón y Quanzhou, donde se asientan asimismo mercaderes musulmanes. En dichas ciudades es en donde se construyen las primeras mezquitas, algunas de ellas han mantenido el culto hasta nuestros días. Y aunque desde estos focos la religión del Islam va extendiéndose por las diferentes ciudades y regiones de China, la mayoría de sus adeptos los mantendrán entre las minorías del Oeste y del Sur, así como sus descendientes establecidos en las grandes ciudades, sin llegar a ejercer nunca una influencia importante sobre la vida y cultura china.
Cristianismo
Los primeros cristianos que llegaron a China fueron los nestorianos, una vez más a través de la Ruta de la Seda, y desde Xi'an intentaron propagar su religión al resto del imperio. No tuvieron mucho éxito, y hoy sólo la estela llamada "Lápida de la propagación del nestorianismo de Daqing", en el Museo de las Estelas de Xi'an, nos recuerda su presencia.
Menos éxito aún tuvieron algunos misioneros que alcanzaron el Celeste Imperio durante los siglo XII y XIII. No será hasta el siglo XVI, en que los jesuitas pongan todo su empeño en la evangelización de estas tierras que el cristianismo, y con él occidente, sea dado a conocer en China, y las primeras noticias sobre China empiecen a circular por Europa. Los jesuitas lograron algunos progresos durante los siglos XVI y XVII, asegurándose incluso la presencia en la corte, pero ni el favor de los emperadores y algunos personajes importantes les libró de sufrir persecuciones, ni la construcción de algunas iglesias les permitió afianzarse entre los chinos.
El cristianismo volvió a empujar con fuerza en China durante el siglo pasado, acompañado generalmente de las políticas agresivas de Francia e Inglaterra, consiguiendo una buena implantación y realizando numerosas obras de carácter social. Pero sus intereses estaban demasiado íntimamente engarzados en los de unos gobiernos, los de sus países, que colonizaban China, por lo que después de la fundación de la República Popular China la mayoría de los misioneros extranjeros fueron expulsados del país. La situación del catolicismo en China, es actualmente muy curiosa. Ya que el gobierno asegura que permite y garantiza la libertad de creencias y culto, pero considera ilegal que una organización religiosa jure lealtad a otro gobierno que no sea el chino, como de hecho hacen los cristianos con el Papa y el Vaticano. Como resultado de esto se da la existencia de dos iglesias católicas. La china, legal, que pasa del Vaticano, y la que acata la autoridad del Vaticano, ilegal.
